Malvinas, 30 años después ~ Tati Meckievi

3 de abril de 2012

Malvinas, 30 años después

Conmemorando el trigésimo aniversario del inicio de la guerra de Malvinas, quiero volver a compartir con ustedes mi experiencia de viaje a las islas. (21 de enero de 2011)
Con una breve reseña histórica, algunas consideraciones y el relato de mi visita al cementerio, rindo mi humilde homenaje a todos los que pelearon por la patria.


COMENTARIOS SOBRE LAS ISLAS

Recientes investigaciones, revelan que fue Hernando de Magallanes, quien desde San Julián (hoy provincia de Santa Cruz) mandó explorar el mar en 1520 a Gerónimo de Guerra, como Capitán, y a Esteban Gómez, como piloto en la nave San Antonio, quienes al descubrirlas la llaman “San Son”, personaje catalogado de “gigante” y con éstas dos denominaciones se las conoció por entonces. (El 28 de julio, en el calendario, es el día de San Sansón, de allí que se estima que fue la fecha precisa del descubrimiento.)

En el 1700 el Puerto francés de Saint Maló, era la “capital” del mundo marítimo y muchas de las expediciones que salían de allí, sobre todo al regresar del Pacífico por el Cabo de Hornos (parecería que los vientos llevaban las naves en esa dirección) dan cuenta de la existencia de éstas Islas.

“Malouines” se llamaba a los marinos que se referenciaban en ese Puerto. Maló habría sido un monje del siglo VI que salía a navegar buscando el Paraíso Terrenal y a un discípulo de él; San Brandán, se le atribuía haber descubierto un nuevo continente (¿América?). Muchos lugares llevan su nombre incluso nuestra Bahía de Samborombón.

Fue el Almirante francés Luis Antonio de Bougainville quien, un 2 de febrero de 1764 funda un Puerto que llamó Luis (por Luis XV, Rey de Francia) y a las islas las bautiza con el nombre de Malounies. De allí se castellaniza el vocablo en “Malvinas”.


FALKLAND

Con éste nombre, el marino inglés John Strong, denominó al canal que separa las dos islas mayores. Era el apellido del Comisionado del Almirantazgo. Ese mismo canal era denominado por los españoles “San Carlos”. Posteriormente comenzó a llamarse Falkland Este y Falkland del Oeste a las islas mayores, según su ubicación.

Ruiz Puente, autoridad española en el lugar, cambió el nombre de Puerto Luis por el de Puerto Soledad (de allí toma el nombre la Isla éste), en razón de que manda traer de Buenos Aires una imagen religiosa para que sea Patrona del lugar, el pedido lo realiza sin preferencia alguna y le es enviada una imagen de “Nuestra Señora de la Soledad” (1768).

Luis Vernet, Gobernador Argentino de las Islas, bautizó con el nombre de Soledad a una de sus hijas que nació allí y sería la primer persona en el país que llevo ese nombre.


LOS INGLESES

Los ingleses fundaron Port Egmont el 23 de enero de l767 el Comodoro John Byron quedo a cargo y lo hicieron como “toma de posición del territorio de las Islas”, en nombre de la Corona de Inglaterra.

El 10 de junio de 1770 el gobernador de Buenos Aires Francisco Bucarelli, por orden de la Corona Española, manda una flota, por entonces éramos colonia española y las hace recuperar por la fuerza. La tarea estuvo a cargo del Capitán Juan Ignacio de Madariaga.

Esa fecha coincide con el 10 de junio pero de 1929 en la cual, el Gobierno de Juan Manuel de Rosas crea la Comandancia Político Militar de las Islas Malvinas, abarcando hasta el Cabo de Hornos y designa a Luis Vernet como Gobernador, con asiento en la Isla Soledad y de allí que esa fecha, fue tomada para conmemorar el “día de la Soberanía sobre las Islas Malvinas”.

Pero he aquí un hecho singular. De España llega, posteriormente, la orden de devolver las “instalaciones”, tarea a la que se abocó el Gobernador Ruiz Puentes, restituyéndolas el 15 de septiembre de 1771 (previa reparación de daños).

Juan Manuel de Rosas, cuando Inglaterra reclamó el pago de la vergonzante deuda contraída por Bernardino Rivadavia (1824 tomo un crédito a la casa Baring Brothers de 1.000.000 de libras, hipotecando todas las rentas, bienes y el territorio argentino para garantizarlo. Pero además retuvieron por anticipado dos años de intereses, amortizaciones y “comisiones” con lo cual llegó a Bs. As. Solo 570.000 libras). Rosas contestó que la deudora era Inglaterra por la usurpación que mantenía de las Islas y en consecuencia no realizó pago alguno y si reclamó la restitución del territorio.

En 1816 Antonio Beruti, Ministro de Guerra, le escribe a San Martín diciéndole que cuando tenga prisioneros los envíe para destinarlos a la Patagonia y a las Islas Malvinas “para hacerlos útiles a la patria” (de no considerárselas parte del territorio no podría haber pensado tomar esa medida sobre territorio extranjero).

En 1815 es el Almirante Guillermo Brown el primero en pasar por Malvinas con su barco “Hércules” enarbolando la bandera Nacional (pero no desembarco).


KELPERS

Otro dato para compartir es la denominación a los isleños como Kelpers. El nombre proviene de un alga existente en el lugar, con muchas propiedades, sobre todo en hierro, que se denomina kelp.

Ellos tenían un estatus social diferente y menor al resto de los ciudadanos británicos y ese nombre caracterizaba el haber nacido en las Islas (la guerra de l982 les permitió obtener la igualdad de derechos).


DE VISITA EN LAS ISLAS

Desde la distancia apenas visualizada las primeras imágenes, todo me era familiar ya que el interés por el lugar y su pequeño tamaño me había posibilitado tener buena información previa. La bahía, el puerto, la torre de la Iglesia Anglicana, la célebre calle costanera por la que desfilaron nuestros soldados entregando sus armas.

De inmediato me trasladé al Cementerio Argentino, distante a dos horas de viaje hacia el interior de la isla. En todo el trayecto, fue inevitable reconocer los lugares donde habían sucedido los combates.

Atravesamos campos minados (aún hay 30.000 minas activas en el lugar) por supuesto por un camino abierto al tránsito.

El lugar es desolado, no existe un árbol, ni pequeño ni grande. La piedra está a flor de piel, casi no hay pasto. Es un terreno ondulado levemente, con montes de baja altura.

Llegar al Cementerio es otra historia. Se encuentra a unos mil metros del camino, previo pasar una tranquera que uno mismo opera. No hay nadie ni nada allí, pero todo esta como debe ser, en calma, ordenado, prolijo, lo justo y necesario. Nada de más. Nada sobra.

Un camino enmarcado en el piso con madera y el sendero de piedra molida te conduce al acceso.

Esta rodeado con una cerca de madera pintada de blanco.

Al Fondo una Cruz de unos cuatro metros centra la vista. Sobre sus lados en semi círculo, paneles de mármol, enumeran alfabéticamente, los nombres de todos los caídos en la guerra.

Delante de esa estructura se alinean las tumbas, en el suelo, con una pequeña cruz blanca, todas iguales, con una placa que guarda el nombre del soldado en algunos casos y en otras solo dice: “aquí yace un soldado cuyo nombre solo Dios conoce”.

La ubicación es sobre una ladera suave, la mayor del lugar. Detrás y al fondo de la pendiente un brazo del mar lo rodea. Sólo lo que se siente tiene importancia.

Allí al pié de la Cruz principal, pude colocar y dejar con ellos la imagen de nuestra virgencita.

Fue algo muy feliz para mí. La aseguré cuanto mejor pude.


No se cuanto durará, pero si se rompe o si se pierde o si alguien se la lleva, imagino, que de la Isla no saldrá (quien se tomaría ese trabajo). Asíque para mi, seguirá junto a nuestros soldados, allí, solos, apretados por el viento, rodeados de bruma, iluminados por el sol.

No quieran imaginar cuanta satisfacción.

Tengo la imagen gravada como la dejé y para mi será así para siempre.

Por nuestros soldados dolorenses, dos de los cuales se encuentran allí, José Luís Rodríguez y Argentino García Cuerva y por los que volvieron. También por todos los dolorenses que puedan sentir lo mismo que yo siento.