Sobre las Islas Malvinas ~ Tati Meckievi

23 de abril de 2012

Sobre las Islas Malvinas

Comparto con ustedes la versión taquigráfica de mi alocución en la sesión del jueves 19 de abril, cuando discutíamos en el Recinto sobre el tema de Malvinas:


Sr. PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador Meckievi.

Sr. MECKIEVI.- Señor presidente: quiero referirnos al hecho a que hizo mención el señor senador, para recordar esta dificultad que sabemos tener los argentinos con las fechas. El 2 de abril, de alguna manera, debemos recordar lo que fue la gesta de los soldados en una causa que seguramente nos alinea en un pensamiento igual a todos los argentinos.

Es una fecha que uno recuerda con dolor, seguramente por las consecuencias que sobrevinieron, algunas directas, sobre las personas que fueron movilizadas a ese lugar, y otras indirectas, como las circunstancias que acarreó este retroceso en la búsqueda que debemos tener de manera permanente, y seguramente tenemos todos los argentinos, de recuperar nuevamente las islas. Recién escuchamos consideraciones políticas, muchas de las cuales, por cierto, comparto.

Estamos hablando de un lugar que por su distancia, por sus características y por su situación política, no todo el mundo ha tenido la oportunidad de conocer. Creo que la repetición de conmemoraciones y celebraciones, año tras año, de una tierra distante, es un modo de acercarla, de quererla, de valorarla, de sentirla cercana y de conocerla con más profundidad, hasta donde se pueda.

He tenido la suerte de poder viajar a las Islas Malvinas movido por una inquietud personal. Recién escuchaba las palabras del senador referidas a aquellos que piensan que la autodeterminación puede ser un elemento, y allí me he sentido ajeno; así es como uno se siente en ese lugar: ajeno al mirar el paisaje, porque llueve intempestivamente y de pronto para, y de pronto sale el sol; con esa atmósfera gris y pesada; esas casas distintas; los colores distintos; esa ingenuidad de la gente en el trato, con esa actitud donde uno siente que pareciera atravesar las paredes de la indiferencia y con esos autos que van de la mano contraria a nuestro sistema de circulación.

Ese modo de vida de una comunidad tan pequeña, que lo vive de manera tan distinta, nos pone lejos en la consideración de su modo de vida; seguramente han nacido generaciones y generaciones en ese lugar. El camino indefectiblemente es otro.

Con respecto a lo que pueda expresar de haber estado allí, es más lo que se siente que lo que uno puede transmitir con palabras. Para coronar esta recordación eterna y permanente de ese lugar en donde está enclavado el cementerio argentino, digo que para llegar allí hay que atravesar la isla en diagonal por un camino de tierra, en donde uno no hace más que revivir las imágenes que vivimos en oportunidad de la guerra, atravesando campos minados, llegando a la soledad de esa cercana Bahía Ganso Verde, o Goose Green –como quiera llamársele-, que fue un lugar de cruentas batallas, en donde descansan allí los cuerpos que de alguna manera pudieron ser rescatados; entre ellos, fueron muy pocos los que pudieron ser identificados. Allí el viento y la soledad generan un sentimiento más que particular.

Quiero referir, con esto de poner algunas notas que hagan al conocimiento de todas las personalidades, a que durante los años en que nuestro país procuró ejercer sobre estas tierras algún viso de gobernabilidad, se designaban comandantes de la Islas Malvinas, y nosotros como habitantes de la provincia de Buenos Aires deberíamos tener claro que eso era así porque la pertenencia de las Islas Malvinas era de la provincia de Buenos Aires, y así es que no erigía una gobernación. Tiempo después, por decisión de Juan Manuel de Rosas, concurre a hacerse cargo del gobierno de las Islas Luis María Vernet, pero hasta entonces la pertenencia, porque se consideraba de adhesión al territorio, no era ni de San Cruz ni Tierra del Fuego sino de nuestra Provincia de Buenos Aires, generando por esta razón un vínculo más cercano y más afectivo, si así de claro lo tuviéramos.

Particularidades hay muchas, algunas vinculadas a hechos históricos, de personas que no conocemos que han ofrendado su tiempo y su vida y que debiéramos repasar. Asimismo, debiéramos conocer otros aspectos, su vínculo y la razón de ser de su descubrimiento.

Estas islas fueron descubiertas cuando Hernando de Magallanes en 1520 procuraba encontrar un paso al Océano Atlántico, y hoy nosotros estamos acostumbrados a la existencia del Canal de Panamá. Consecuentemente, el transporte y traslado de las naves se hace a través de esta vía entre los dos océanos. Por eso, entonces, la búsqueda de un paso generaba un tránsito, un tráfico naviero más que significativo, porque era tiempos de desarrollo de la península de California, del oro de Estados Unidos y para llegar a Medio Oriente se buscaba paso por estos lugares.

Fue así que se circunvaló el Cabo de Hornos. Magallanes, abriendo camino y habiendo parado en el Puerto de San Julián, en la provincia de Santa Cruz, envía una expedición al mando de Gerónimo de Guerra y con Esteban Gomes, que era el piloto, y así descubre en el año 1520 estas islas que denominó Sansón. Al no saberse exactamente el día del año 1520 en que fueron descubiertas, se lo deduce a partir del nombre que le ponen, ya que el patrono del día 28 de julio es San Sansón. Entonces, se entiende que fue un 28 de julio de ese año cuando fueron descubiertas y denominadas con el nombre de este gigante.

De allí entonces la fecha y, seguramente, los primeros que las divisaron fueron muchos, y uno se asombra que en un sitio tan distante y lejano haya habido un tránsito y un constante anclaje en el lugar. Parece ser que en el tránsito que se hacía a través del Cabo de Hornos las aguas, naturalmente, en el viaje de regreso, llegaban a esa zona, por cuanto tomó una importancia más que significativa.

Transcurre el tiempo, y es en el año 1764 cuando el almirante Louis Antoine de Bougainville funda el puerto Saint Louis, en conmemoración del rey Luis XV, y bautiza a las islas con el nombre de Malvinas.

El nombre de Malvinas surge en esta oportunidad, ya que había una localidad, un puerto en Francia, que se llamaba Saint-Maló, que era algo así como la capital del mundo marítimo, y de allí salía la gran mayoría de los aventureros, los que buscaban nuevos lugares, los que buscaban nuevas tierras. Es decir, era un puerto con un tránsito más que significativo, que recorrían bastas regiones del mundo. Consecuentemente, ese vínculo entre todos los que se referenciaban en ese puerto se los llamaba malouines y por ser estos fuente de detención en estas islas, eran los que más pagaban y las utilizaban para reabastecerse, se los denominó malouines, el cual devino luego castellanizándose posteriormente en el nombre de Malvinas, el que todavía conservamos. Esto es para conocer algunos de los aspectos.

Los ingleses, por ejemplo, las llamaban Falklands, que era el apellido de un comisionado del almirantazgo, y ese nombre se lo ponen al canal que nosotros denominamos San Carlos, que es el que separa estas dos islas. Nosotros tenemos muy internalizado que son dos islas, pero en realidad son 420 islas, aunque dos son las mayores. El canal es denominado por este almirante por el apellido mencionado. Y el uso, posteriormente, hacía individualizar a las islas, por la Falklands del Oeste y la Falklands del Este, deviniendo para esta señalización la incorporación de ese nombre a todas las islas.

Una curiosidad más relativa a los nombres es que tiempo después, en 1768, había una autoridad española que le cambia el nombre a ese puerto que había fundado Bougainville, que le había puesto Saint Louis. Así es que manda a pedir a Buenos Aires la imagen de una virgen para ser la patrona de ese lugar tan desolado, tan inhóspito y tan desértico, y pide cualquier virgen, cualquier imagen que pudieran mandar.

Y es así que les envían la imagen de nuestra señora de La Soledad. Esa imagen religiosa es la que motiva el cambio de nombre, del puerto Saint Louis, por el de puerto Soledad. El puerto Soledad tiene la denominación de una de las islas como isla Soledad, que no es otra cosa que el nombre de la virgen. 

Tiempo después el gobernador Luis María Vernet bautiza a su hija con el nombre de Soledad, y se dice que es la primera mujer del país que lleva ese nombre y que en la actualidad se utiliza como nombre de mujer. Estas son rápidas consideraciones, para ponerle una cuota de curiosidad al nombre, que si lo recordamos nos va a familiarizar y a acercar.

Un poco para redondear, pasando de los nombres a dos pequeños hechos, y termino, señor presidente, es que en estos tiempos se instaló la denominación de Gaucho Rivero. Tal es así que el campeonato de fútbol lleva su nombre, y esto ha permitido que conozcamos un poco más algunos aspectos y el rol que había cubierto este personaje tan singular, que en tiempos en que por la llegada de los ingleses toman las islas, no dejan una guarnición suficiente, caen en una cierta vacancia, y es Rivero, junto a otras siete personas -eran ocho en total: tres gauchos y cinco indios- proceden a generar un hecho, de la que hay una versión pseudopatriótica, patriótica de decir que procuraron tomar el control de las islas. Esta es una versión de las más conocidas.

Hay otra versión que dice que, en realidad, estaban protestando por la falta de pago de sus trabajos. Para abonar esta teoría se puede recorrer cuáles fueron los hechos que realmente provocaron hacer una matanza importante de habitantes del lugar, de habitantes que no tenían una significación militar ni política. Mataron a quien era un puestero, el almacenero del lugar, personas sin cargo ni función, que permitiese sostener con mucha fuerza esa teoría que los habilita como una teoría más.

Lo cierto del caso es que procuran establecerse en el lugar, pero posteriormente deben rendirse, y cuando enterados acá en el Río de la Plata que este levantamiento había existido, mandan allí una nave inglesa, y a consecuencia de eso se designa la primera autoridad militar inglesa en el lugar, como consecuencia de ir a sofocar este levantamiento.

El gaucho Rivero es encarcelado y trasladado a Río de Janeiro, después a Inglaterra. Allí no lo juzgan, después lo devuelven y lo sueltan por Montevideo.

El último comentario es referente a cuándo fue la primera vez que se izó el pabellón nacional en las Islas Malvinas, para permitir que sea recordado quién tuvo a su cargo esa simbólica y significativa tarea. 

Pensemos que nuestro país daba sus primeros pasos sobre la independencia, allá por 1810 y 1816. Nuestro país no tenía una flota y sí suficientes problemas por las guerras intestinas entre las provincias como para poder desplegar rápidamente una ocupación del territorio. Tal es así que, por ese entonces, estaba más comprometida la Patagonia que las Malvinas.

Nadie cuestionaba la titularidad de las Malvinas, y sí se cuestionaba la Patagonia, sobre la que Chile tenía pretensiones de tomar parte de ese territorio, lo cual hacía que este lugar estuviese un poco a merced de quien se adentrase a transitar. Fue así, consecuentemente, que era un lugar donde la fauna llevaba a muchas naves de distintas banderas para la captura de animales que había en el lugar. Y eran tales los estragos que estaban haciendo, que el gobierno de Buenos Aires, encomienda una tarea a David Jewett –no sé bien cómo se pronuncia-, que era un corsario que el gobierno había contratado. Al no tener flota, era una actividad legal ser corsario –no tengamos la imagen de lo que hoy consideramos como tal-, y ellos salían a enfrentar las naves fundamentalmente del comercio con los países con los cuales estaban en guerra.

El jefe recibe instrucciones de tomar el control del lugar, y va con una embarcación y pobres tripulantes, que después de una gira que realizan atacando naves en el Atlántico, llegan a la zona y encuentran a cincuenta naves extranjeras en el mismo lugar.

Y con una osadía que lo caracteriza les dirige a todas ellas una nota muy cortés, diciéndole que en nombre del gobierno de las Provincias Unidas venía a hacerse cargo como correspondía de un territorio que era de las Provincias Unidas, y les invitaba a moderar las actividades, y que él las iba a regular. Digamos que es un personaje que habrá significado el asombro de quienes ahí no tendrían el mínimo sentimiento de autoridad. Así es que permanece en el lugar, y notifica a cada quien. Y fue un 6 de noviembre de 1820 cuando, ante la indiferencia, porque nadie le daba “bolilla”, hace bajar a sus tripulantes, rotosos, en condiciones bastante lamentables, toman el poste, el mástil, e izan el 6 de noviembre de 1820 a la vista de todos los que en el lugar estaban la Bandera Argentina, dirigiéndose como autoridad. Y desde allí eleva una proclama y dispara cañonazos en grupos que no hubieran resistido ninguna pedrada.

Lo cierto es, que esto toma trascendencia, salen en periódicos españoles y norteamericanos, pero ninguno ni nadie hizo ningún tipo de reclamo, por cuanto creo que es meritorio el accionar de este último funcionario porque llevaba un poder del gobierno, que izó por primera vez el pabellón nacional en las Islas Malvinas. Y al cabo de un tiempo, permaneció una buena cantidad de meses, pero producto de enfermedades y en estado de abandono significativo fue reemplazado por otro comandante. Pero tuvo el honor, un 6 de noviembre de 1820, de llevar por primera vez la Bandera Argentina al lugar.