"Abel Albino, un médico con alma de barrio" ~ Tati Meckievi

15 de abril de 2015

"Abel Albino, un médico con alma de barrio"

Comparto la nota de opinión publicada por Daniel Vittar en el diario Clarín donde se refiere al fundador de la Red CONIN, organización que trabaja contra la desnutrición infantil y cuyos programas tenemos previsto implementar desde el área de salud de nuestra futura gestión municipal.

"Abel Albino, un médico con alma de barrio"
En algunos casos los médicos rompen los paradigmas y dejan ver la carnadura social del hombre que hay detrás de la profesión. Abel Albino es uno de ellos. Habla como un médico de barrio, pero analiza como un estadista, buscando transformaciones y atizando esperanzas. Tiene toda la robustez del especialista, y la claridad política del compromiso social.
Este médico mendocino de 68 años es un optimista nato que, desde su fundación Conin (Cooperadora de la Nutrición Infantil), lucha para poner fin a la desnutrición. “La principal riqueza de un país es su capital humano. Si ese capital humano está dañado, el país no tiene futuro. Hoy, el problema principal de Argentina y de América Latina es el daño cerebral provocado por la miseria, la pobreza”, dice. Y repite, con bronca: “El recurso humano dañado, ese es el principal problema del país”.
Su padre, un industrial que supo transitar el país, siempre quiso que estudiara medicina. Cuando tuvo la edad para comenzar una carrera universitaria su familia se encontraba en Tucumán, por cuestiones laborales. Pero la rebeldía a flor de piel lo llevó por otro camino. “Yo sentía que estudiar medicina era una imposición familiar y no una decisión mía. Así que empecé a estudiar Derecho. Pero después me di cuenta de que mi vocación era la medicina”. Abandonó Derecho a los dos años y se pasó finalmente a Medicina.
Se graduó en 1972 y un año después viajó a Chile para especializarse en Pediatría. En 1987 obtuvo el doctorado en la Universidad Nacional de Cuyo. Una carrera agitada que continuó con una beca en la Universidad de Navarra, España, aunque en este caso para profundizar en la biología molecular. “El futuro de la medicina es biología atómica, biología molecular e inmunología”, apunta al paso. La visita a Europa lo maravilló: “Cuando llegué allá me golpeó ver esos países tan pequeños y tan poderosos. No podía dejar de pensar en los países de Latinoamérica, que son tan grandes, tan ricos, pero están empobrecidos”.
La carnadura social vuelve a surgir en cada frase. “La Argentina llegó a ser la séptima economía del mundo a principios del siglo pasado, y después se fue al lugar 86. ¿Cómo hicimos para fundir esto, cómo hicimos para hundir un corcho? Indudablemente le pusimos empeño”, dice con ironía de cirujano.
Pero lo que marcó su vida profesional fue otro notable médico, el chileno Fernando Monckeberg Barros. “Yo lo tuve de profesor cuando hacía en Chile mi residencia en pediatría. En una hora y media de charla me cambió la vida. El prometía quebrar la desnutrición infantil en Chile. Me dejó una impronta, una marca, una semilla en el corazón”, recuerda con admiración. Y el médico, con dolor de hombre, aclara: “Combatir el hambre es lo de menos, y por eso todos hablan del hambre, nadie habla de la desnutrición. Usted le da a un chico un plato de sopa, un vaso de leche y ya no tiene hambre. Pero en realidad ese chico no está bien alimentado. Combatir la desnutrición es una tarea mucho más ardua que puede llevar toda una generación, porque es necesario hacer un abordaje integral de la problemática social que da origen a la extrema pobreza”.
Con la influencia y las enseñanzas de Monckeberg, Albino creó en 1993 la Fundación Conin. “Nosotros nos dimos cuenta que la desnutrición es resultado final del subdesarrollo. De nada sirve que yo alimente a un chico si lo devuelvo al ambiente hostil del que proviene. No sirve. Si queremos quebrar la desnutrición lo que debemos hacer es un abordaje integral de la problemática social”. Hoy, Conin atiende a miles de chicos y asesora a gobiernos provinciales y municipales. Pero Albino sólo vive de su consultorio, del contacto con su gente.
“Yo creo que debería ser política de estado combatir la desnutrición”, afirma, pensando en el país que quiere. “Cuando yo me recibí de médico, el 5% de la población era pobre, hoy el 30 % está en esa condición. En la pobreza, en el desempleo nadie vive bien. Siempre el hilo se corta por lo más delgado, y lo más delgado son los niños y los viejos, porque dependen de terceros”.
Albino está escribiendo un libro. Quiere contar en primera persona lo que piensa. Lo titulará “Cinco pasos para una gran Nación”. Esos cinco pasos los lleva grabados a fuego, en ese corazón de barrio que domina al médico. “Primero hay que preservar el cerebro dentro del primer año de vida, porque allí se forma el 80% del cerebro que va a tener ese chico de adulto. Segundo, educar. La educación es una semilla maravillosa, pero necesita un sustrato firme, un cerebro intacto. Tercero, instalar cloacas. Cuarto, agua corriente y caliente. Y quinto, luz eléctrica”, enumera rápidamente. “Si hacemos esas cinco cosas, en 30 años somos una potencia”, remata el médico, con corazón de barrio.