“Yo voy a ser intendente” ~ Tati Meckievi

“Yo voy a ser intendente”

Corría el año 1968. Gobernaba en el país la “dictablanda” del general Juan Carlos Onganía. Le digo “dictablanda”, porque al lado de lo que vino después, con otras dictaduras macabras, aquello parece en la historia casi como una democracia con charreteras. Recuerdo como si fuese hoy, que una muy calurosa mañana de noviembre de aquel año, el presidente de facto vino a Dolores a presidir los actos del presunto 150º aniversario de la fundación de nuestro pueblo. Tati y yo debimos desfilar como disciplinados soldados del histórico Colegio Nacional, para honrar la presencia del Comandante en Jefe, devenido en presidente factuoso. Pero nos tomaríamos revancha, con el tiempo.

Aquel día no fue el 150º aniversario de la fundación de Dolores. Tati descubrió, hurgando en la historia en serio de nuestra patria, que la fecha de fundación de nuestra comarca, fue el 21 de agosto de 1817. Y que justamente por ello, Dolores es el “Primer Pueblo Patrio”. Es decir, el primer asentamiento poblacional posterior a la Declaración de la Independencia. Aquella presuntuosa evocación sesquicentenaria que nos contó como soldados de obediencia debida desfilando frente a “La morsa”, devino entonces en truchada histórica de historiadores flojos de papeles. Pero nos hemos reivindicado ante aquella afrenta, a la que no concurrimos por propia voluntad. Tati lo hizo.

En aquel año, ya compartíamos un reducto donde nos juntábamos algunos integrantes de la banda del Nacional. Ese templo de cultivo de los delirios adolescentes, tenía como apóstoles principales al anfitrión, Pablo, alias “El ruso”, un tipo tan bueno que jamás se conoció de él siquiera una discusión. Y a otros como “Polenta”, bautizado con tal apodo porque decían que en tres minutos se calentaba. Era un embelesado cultor de las aborrecibles ciencias matemáticas y físicas, que jamás fueron de mi agrado, pero también un muchacho muy querible. También solían aparecer por allí “El Tano”, “Panchito”, Gustavo “El alemán” y otros especímenes que lamento no recordar con precisión. Y por supuesto éramos también habituales asistentes a “La Famosa”, devenida en casi “Jabonería de Vieytes”, Tati y yo.

Así como “La morsa” mandaba en el país con sus bastonazos de “dictablanda”, en Dolores gobernaba la ciudad el “Rafa”, un profesional del derecho y terrateniente de buena posición económica, dispuesto a “entrar en la historia” del pago chico. Exceptuando su carencia de legitimidad de origen para conducir el municipio, no puede decirse que el hombre hizo una mala gestión. El asfalto no se extendía por entonces a más de diez cuadras del centro de la ciudad. Los más privilegiados gozaban de empedrado del siglo XIX. El Rafa pavimentó todo eso, extendiendo la ciudad a los cuatro puntos cardinales. Y rehizo un hospital público que se caía a pedazos, a la vez que aggiornó un teatro municipal legado por la colectividad italiana, que sigue siendo orgullo de los dolorenses y reconocido por los máximos artistas del país que pisaron su escenario. El hombre tenía –se decía entonces- cierto sesgo autoritario. No podía ser de otra manera, tratándose de un intendente de la “dictablanda”. Pero nunca dejó de ser respetado en el pueblo, tras su retiro. Si hubiese tenido apenas un atisbo de interés por la política, no habría sido tampoco un mal candidato cuando volvió la democracia, en 1973. Pero eso parecía tan lejano aquella noche de 1968 en la cocina de La Famosa, antro de nuestros queridos dislates juveniles…

Tati apareció una noche en medio de una partida de truco regada con algunas cervezas. Y sin que nadie preguntara nada, disparó, con una convicción que parecía un alarde inconciente: “Muchachos, acuérdense lo que les digo, yo voy a ser intendente de Dolores”.

“El ruso” se vio invadido por una tos que parecía algo más que un exceso de nicotina; “Polenta” se sacó de encima esas enormes gafas que llevaba inevitablemente consigo, y lo miró incrédulo, ante lo que acababa de escuchar. “Panchito” y “El tano” se cruzaron una mirada cómplice, como diciendo: “este enloqueció”. Y yo, en medio de todos, apenas creí percibir que a nuestro amigo, que ya profesaba voluntad de acción social desde la rama juvenil del Rotary Club, era posible que le estuviera picando el “bichito” de la militancia política. Pero por las dudas, me sumé a las risas de todos, formando parte de la incredulidad y el sarcasmo frente a semejante predicción.

La historia que sigue es sabida por todos en el pueblo. Tati perdió elecciones tantas veces como fueron necesarias frente al caudillo justicialista de entonces. Hasta que un día lo derrotó. Entonces se puso al frente del peronismo dolorense, fue dos períodos concejal, tres veces intendente de Dolores, cambiando radicalmente el perfil de la ciudad, extendiendo su infraestructura básica de servicios a todos los sectores. Fue también Administrador de la Dirección General de Vialidad, Ministro de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, Diputado y actualmente Senador de la Provincia.

Hace tiempo que no nos juntamos con “El Ruso”, con “Polenta”, con “Panchito, con el “Tano” o con el “Alemán”. Como diría Borges, andamos todos transitando esos “senderos que se bifurcan”. Pero quién no le dice que una noche de estas nos podamos volver a juntar, aunque La Famosa ya no esté, en algún otro reducto que cobije sueños a corto o mediano plazo. Y que por ahí se nos aparezca Tati, con ambiciones de volver a ser intendente. Siempre dijo que para un político, no hay mejor orgullo que ser votado por la gente de su pueblo. Aliento, esa posibilidad, junto a otros amigos de hoy.



Fisher